CAPÍTULO
X. THE DECLINE OF WHITCHES
El
vampiro morocho afiló la mirada, su naturaleza nocturna revelándose en todo su
esplendor. Está enojado, el teriántropo lo sabe. Y siento el aguijón del
remordimiento clavársele ferozmente en el pecho. No era esta la reacción que
esperaba.
—
Déjame en paz, Hayami. Lo que desee sobre el hombre que amo no te incumbe.
Grábate eso en la cabeza, tienes su sangre y sus poderes, y te estoy agradecido
por la ayuda que le brindas a mi familia, pero es suficiente. No quiero que te
metas más en mi vida privada.